Nadie en su sano juicio hubiera ideado una coalición tan variopinta, era cierto, pertenecíamos a mundos diferentes, cada uno con sus preocupaciones y pensamientos cada uno con sus propios fantasmas, pero a pesar de todo estábamos allí, atentos al callejón
que se extendía ante nosotros, agazapados y protegidos por la oscuridad, esperando la señal... Alguien se acercaba, no era un hombre normal. A decir verdad parecía un oso inmenso, su sola presencia ensombrecía aún más el callejón, sólo con deslumbrar
su contorno se podían perfilar sus aumentados músculos. Todos estábamos expectantes, por un momento dejamos casi de respirar, se acercaba cada vez más hacia el interior del callejón, (el cebo estaba puesto, la presa caería), en ese momento algo lo sorprendió, justo cuando empezó a darse cuenta de lo que le venía encima cayó en el suelo maniatado y con el cuerpo envuelto en una tela de seda, una forma agazapada se le echó encima y lo sujetó firmemente contra el suelo. El coloso se esforzó por luchar, pero no pudo librarse de sus garras, en ese momento, desde las alturas, algo descendió al suelo con una agilidad sorprendente, su traje era inconfundible, rojo y azul, surcado por líneas blancas con forma de telaraña, se acuclilló justo delante de las dos formas apostadas contra el suelo. Juggernaut alzo los ojos y miro desafiante a Spiderman. Blade lo sujetaba con fuerza. «Curiosos aliados», pensé.
Parece que no tienes buena cara; aunque, a decir verdad, nunca la has tenido — dijo el hombre araña a Juggernaut.
¡Grrrrr! Te destrozaré — contestó Juggernaut con voz gutural.
Siempre es tan divertido — dijo Blade con ironía.
Sólo se supera cuando duerme — añadió Spiderman —. Veo que sigues tan torpe como siempre, dime: ¿practicas o es que naciste así? — prosiguió irónicamente.
Creo que subestimas a tus enemigos.
Dicho y hecho, desde nuestra posición todos saltamos al unísono contra el hombre araña y su compañero Blade, la rebelión había empezado y yo, el Controlador, sería participe en ella.
Por Alfredo Sáez
Sentía el aliento de mis compañeros, el sudor recorría
su cuerpo y la respiración era agitada y mortífera,
no había duda, la crème de la crème estaba reunida
a mi alrededor, lo tenía todo: fuerza, inteligencia,
destreza y, lo más importante,... poderes.
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