En medio de un silencio repentino,
el aire apestaba a humo y al hedor de los Malignos. La hoja de
la Buscadora de la Verdad siguió refulgiendo unos instantes
más y su poder hizo que los dientes de Dain castañetearan.
Podía sentir que su cuerpo entero brillaba y que el pelo
se le había erizado. Entonces, las llamas desaparecieron,
el fulgor de la espada se apagó y su poder se desvaneció.
De nuevo, se convirtió en una simple espada de belleza incomparable. |